Una mirada nos delata.

Ocurrió el pasado verano. Un buen día de playa, en una playa recién descubierta. En un extremo la zona “nudista” en la que varias familias nos agrupamos conviviendo en desnudez y disfrutando de un día soleado. Hacia el oeste un par de kilómetros de playa en la que se aprecian grupos de gente en determinadas zonas tal vez aquellas más próximas a los accesos.

Al terminar una sesión de baño una de las mujeres que nos acompañaba pregunta si hace un paseo hasta el otro extremo, como no puedo decir que no ante semenjante oferta me apunto el primero, y el único. Pocos minutos después enfilábamos la orilla y un paso tras otro avanzábamos metros mientras conversábamos.

Enfrascados en nuestra conversación pasaban los metros y de cuando en cuando nos cruzábamos con alguna que otra persona, unas iban desnudas, otras semidesnudas (top-less), y otras vestidas. Tan encerrados estábamos en nuestra charla que en un determinado momento me percato que una mirada se clava excesiva sobre nuestros cuerpos. Una señora que estaba en la orilla refrescándose los pies, se gira a nuestro paso y nos mira descaradamente, siguiendo nuestros pasos con aquellos ojos bajo un ceño fruncido.

Es entonces cuando le comento a mi acompañante el hecho y el motivo: desde hacía un rato ya no nos cruzábamos con gente desnuda, y practicamente estábamos en una playa “textil”. Ella me preguntó si entonces cancelábamos el paseo o continuábamos hasta el final, a lo que respondí que si a ella no le importaba, a mi mucho menos. Así que, sin alterar el paso llegamos al otro extremo de la playa que ofrecía una estampa totalmente distinta al lugar del que partieramos, y no se diferenciaba en la “vestimenta” de la playa: sombrillas, tumbonas, palas,… sino la vestimenta de sus habitantes, puesto que estos si que la portaban a diferencia de la esquina opuesta de la playa.

Volvimos sobre nuestros pasos pasando nuevamente por entre aquella maraña de gente que ocupaba los últimos quinientos metros de una playa que por su hermosura y emplazamiento nunca debió estropearse llenándola de bañadores.

Xouba <º))))))<

2 respuestas a Una mirada nos delata.

  1. Me gustaria saber que playa descubriste,me gusto tu articulo

  2. Jaime Aguirre Vizcaya dice:

    Pues muy mal hecho. Si quieres que te respeten empieza por respetar a los demás. Una vez me ocurrió que, paseando por la playa con mi pareja, sin darme cuenta entramos en la zona textil. Las miradas también los delataban. Mi chica se dio cuenta, me lo advirtió y nos dimos la vuelta. Al igual que nos molestan los textiles mirones que vienen a pasearse por la zona nudista a ellos les molesta que haya gente desnuda caminando por su zona. Aunque esta página no se actualiza desde hace dos años dejo igualmente mi comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: