Las mujeres primero.

El verano pasado -sí, por estos lares ya nos ha abandonado- he podido comprobar y comentar con otr@s compañer@s de playa cómo había aumentado la afluencia a las playas nudistas, al menos las que yo frecuento. Evidentemente hay un poco de todo: nudistas integrales, nudistas parciales, textiles integrales, y algún que otro maleducado. Por fortuna y echando cuentas ganaba el nudismo, y a medida esos nudistas parciales (la mayoría chicas en top-less) acababan sumándose al “equipo” de los integrales, aunque lo hicieran de manera anecdótica en alguna ocasión, al menos era un principio.
Lo que más me llamó la atención y así lo destaqué a mis interlocutores -y ahora a vosotros- era el hecho de encontrarnos parejas en las que ella se “lanzaba” primero a esto del nudismo (no hablo de top-less, sino de desnudo integral). Lo más normal es ver como la parte masculina de la pareja se despoja del bañador en los primeros intentos de aproximación al nudismo, y como la parte femenina empezaba primero por su torso, para luego -en sucesivas visitas- terminar sacándose todo. El día que lo comentamos, pudimos comprobar como -al menos- en dos parejas se rompía esta excepción. Además su moreno “interruptus” delataba a una de las jóvenes en que durante ese verano el sol no había acariciado toda su piel; en la otra joven sí se conocía que sus pechos ya estuvieran libres de ropas en alguna ocasión.
En la primera de las parejas, el chico, dudo poco rato; incluso llegó a bajar a la orilla con el bañador puesto. Mientras tanto ella no sólo no dudó en quedarse desnuda nada más llegar sino que se aventuró a la orilla sin esos temores que se adivinan en el rabillo del ojo de los novatos. Afortunadamente su acompañante luego de salir del agua y antes de tumbarse al sol, también permitió que el sol broncease sus nalgas blancas por primera vez.
La otra pareja, tardó más en lanzarse el chico, estuvo casi toda la tarde con su bañador puesto. Pude ver como iban a dar un paseo por la playa, ella con su traje de piel, y él con su traje de baño. Sólo al final de la tarde, cuando el sol caía y la gente se marchaba, se pegó el último baño desnudo. ¿Obligado por no irse mojado para casa o convencido de que era una molestia? No volví a coincidir con estos, pero sí con los anteriores: desnudos, desde el primer momento.
Ante esta conversación antropológica sobre el comportamiento de estas parejas, las chicas de nuestro grupo apuntaron que la mujer necesita convencerse para hacer algo, por nimio que sea, mientras que los hombres funcionamos más por impulsos: si queremos hacer algo, tiramos para adelante. Por fortuna las mujeres hoy en la red pueden encontrar miles de argumentos a favor y en contra de la desnudez, aunque parece que los que estamos a favor los argumentamos mejor, con principios no con “verdades morales” que cada uno retuerce para sí.
Xouba

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