Lo que no encaja.

A veces uno se encuentra ante esas situaciones que no sabes valorar porque no tienes dónde encajarlas.
Una de ellas la viví la semana pasada: estábamos en la playa varios grupos de personas, todos desnud@s -al menos, hasta donde alcanzaba a ver-; llega un par de familias al completo (papá, mamá, los niños, la suegra, la consuegra, los titos, y algún que otro primo), plantan la sombrilla, las tumbonas, los juguetes de los pequeños, el mantel, la mesa, la fiambrera, y al poco de llegar ya habían improvisado su chiringuito -con su música y todo- en un lugar donde antes había arena y mar. Ningun@ se quedó  desnud@, y eso que todo el mundo a su alrededor lo estaba; ni tan siquiera a los más pequeños les sacaron el bañador.
En esos momentos piensas: con la de playas que hay, e incluso con lo amplia que es esta playa y han tenido que venir a ponerse aquí. Precisamente aquí, que han tenido que caminar por la arena a cuestas bajo un sol de justicia con su chiringuito portátil. Cada loco con su tema.
En toda la jornada compartieron playa con la gente que estábamos allí y con la que llegó luego, tod@s desnud@s, excepto ellos. Pero al final de la tarde una de las mujeres del grupo, cuando ya estaban plegando sombrillas y retirando el tingladillo que habían montado, no dudó en quedarse desnuda para cambiarse de ropa, lo hizo con absoluta naturalidad, como si ya lo hubiera hecho antes, aunque sus marcas blancas sobre la piel delataban que tenía que ser mucho antes. Se quitó su bañador, se secó con una toalla, rebuscó en el bolso ropa seca y se la colocó mientras charlaba con otros del grupo.
Mi mujer me comenta el hecho, que para no haber estado desnuda en toda la tarde, hizo la maniobra con toda naturalidad. A lo que le respondí que no podría hacer otra cosa, pues tal vez sería más ilógico que se cubriera para cambiarse teniendo a todo el mundo desnudo a su alrededor.
Este comportamiento no es tan infrecuente, pues además de este caso ya lo había visto en otras ocasiones en otras mujeres y hombres que se pasan la tarde con el bañador puesto, y que luego para ponerse la ropa de calle se quedan desnud@s sin dilación. Demuestran así que si no han estado desnud@s en la playa rodeados de gente desnuda no era por pudor, pues su desnudez ha quedado patente en público y sin rubor por su parte. Entonces, ¿dónde está el porqué de esa falta de respeto hacia unas personas con las que estás compartiendo playa? ¿porqué voy a ciertos lugares en los que sé lo que me voy a encontrar y no lo voy a compartir?
Personalmente no me gustar ir a aquellas playas en las que no puedo estar desnudo, y si voy lo hago acorde y sabiendo que tendré que utilizar bañador por imperativo social. ¿Tan difícil es que se aplique esto a la inversa?
Xouba

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