Un par más.

El pasado fin de semana me encontré con una pareja con la que había coincidido varias veces en la playa con ellos, aunque nunca habíamos hablado. Ellos no me reconocían, pero yo a ellos sí. El tema del que departíamos era banal aunque nos implicamos bastante en la discusión pues nos atraía a todos.
Entre unas cosas y otras acaban saliendo a relucir aquellos sitios que tienen un especial atractivo para cada uno de nosotros, y sin recatos yo comento que la playa que más me gusta es una de las nudistas de la zona, terminando mi intervención devolviéndoles la pelota con un: ¿la conocéis?
El chico lo niega mientras que ella asiente, cruzándose automáticamente miradas de extravío ante sus respectivas respuestas. Al matizar todavía lo empeoran pues uno dice que “de pasada” y otra que “habían estado alguna vez”. Visto que los había llevado a una situación incómoda, en lugar de escapar de ella, decido entrar como un elefante en una chatarrería: ¿es que os veo por allí casi siempre?
La cara se le tornó de mil colores, bajaron la mirada, y mostraron una actitud infantil; así que se lo hice ver. Les dije que de qué se avergonzaban. Si creían que era delito, si les había robado algo, o si estaba descubriendo un secreto inconfesable. Al hablarles con naturalidad -o casi obligarles a hacerlo, lo reconozco- contestaron con sinceridad: iban habitualmente a playas nudistas, porque les encanta, pero nunca lo habían hablado con nadie, salvo entre ellos; ni tan siquiera sus amigos más allegados lo sabían. Ante mi inquirido porqué, respondieron que tal vez por educación lo consideraban algo íntimo, muy próximo al sexo, y como tal lo trataban.
Como suelo hacer respondí con otra pregunta: ¿y en todos estos años no os habéis dado cuenta de que no es así? Nuevamente se miraron y asintieron; se encogieron de hombros y respondieron que al no hablarlo con nadie tampoco habían tenido oportunidad de saber qué pensaban los demás.
Les informé de la cantidad de información que hay en la red, que pueden encontrar gente nudista para hablar de todo eso que con otros no se atreven, y que todo ello les puede ayudar a tratar el tema con la normalidad y naturalidad que tiene. Su conducta lo que hace es continuar con falsos mitos y tabues, que otros nos esforzamos en derribar. A veces las palabras ayudan a tirar esos muros, y otras muchas los silencios no solo ayudan a que permanezcan en pie, sino que los hacen más altos y más fuertes.
Nos invitamos a vernos, saludarnos, y hablar sobre nudismo en la playa el próximo verano (incluso antes si volvemos a encontrarnos). Los invitaré a que conozcan a más gente, con la que poder hablar y derribar esos muros que citaba. Por su parte, y hasta entonces, dijeron que tratarían de sacar el tema con familiares y amigos y decirles lo que pensaban sobre la desnudez, así tendríamos algo más de lo que charlar la próxima vez que nos viéramos.
Las palabras son la demoledora social más enérgica que tenemos, el domingo pasado tal vez no hayan tirado muchos muros, pero se han cargado el de una pareja que ahora ayudarán a derribar otro. Y ya somos más tirando muros.
Xouba

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