Cada vez un poquito más.

Ha sido un mal verano, climatológicamente hablando. En esta esquinita -donde se acaba el mundo-, todos coincidimos en que el sol no ha sido cariñoso con nosotros este año. Ya vendrán otros veranos del que disfrutar del calor.
No obstante, para mí, y desde el punto de vista naturista, sí que ha sido un buen verano. He disfrutado de mi desnudez más que nunca, con el calor (aunque no sea asfixiante) me permito pasar más horas desnudo que cuando el frío aprieta, porque por muy naturista que sea, soy de carne y hueso, y ambas cosas se me enfrían y luego vienen los acuse de recibo en forma de resfriados.
El verano pasado lo hice en contadas ocasiones, pero este verano ya era de lo más normal: utilicé cualquier playa para tomar el sol como a mi me gusta, sin ropa. Siguiendo consejos e iniciativas llegadas de otros lugares, el verano pasado lo “probé” alguna que otra vez en distintas playas, llegaba me despojaba de mis ropas y me tumbaba al sol. Cierto que no elegí playas saturadas de gente en las que es más propia que la “masa” te debore si te unes a ella, pero no porque me fuese a retraer en mi conducta, sino porque no me gustan y por suerte todavía tenemos muchísimas playas dónde ir sin tener al vecino con sus pies en mis narices.
Sin ir más lejos, anteayer mismo lo repetí. En una pequeña tregua que nos dio la inestable climatología de las última semanas, y aprovechando los que podrían ser los últimos rayos de sol, me acerqué dando un paseo a una playa cercana; ya no hay mucha gente dándole uso a la arena y al mar porque el periodo de estivo ya ha tocado fin, pero sí que contaba con vecinos de toalla a menos de 20 metros de dónde estiré la mía, dejando al lado las zapatillas y el bañador.
En uno de mis viajes a la orilla para refrescarme comprobé como unas señoras me miraban con cara de incredulidad, sorpresa, o asombro. Les obligué a cambiarla con un “buenas tardes” respetuoso y educado, al que respondieron entre titubeos. Percibí como comentaban algo entre ellas mientras asomaba la cabeza fuera del agua entre chapuzón y chapuzón. No obstante a mi no se dirigieron en ningún momento hasta que salí del agua y volví sobre mis pasos hacia mi toalla pasando a su lado y saludando nuevamente con un “hasta luego” que, de nuevo, respondieron.
Hay quien no se lo cree, cuando comento estas anécdotas y afirmo que jamás he tenido un tropiezo con alguna persona en forma de reproche, reprobación o algo más serio. Tal vez sea la naturalidad con la que lo llevo a cabo -aunque tampoco dudo de que otr@s que sí han sido objeto de reproches hayan actuado con naturalidad-, tal vez sea que la sociedad en la que me muevo está más madura de lo que parece, o tal vez sea que voy poco a poco con pequeños avances que no permiten que mis vecinos de toalla sientan que invado parte de su espacio y que a mi tampoco me permita sentirme invasor. El caso es que a mi, me va funcionando: consigo vivir el naturismo cada vez más plenamente, cada vez un poquito más.

Xouba

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