En Vera.

Tras algún tiempo sin volver por allí, este año me he dejado caer por Vera; a priori, el paraíso del nudismo de este país.

Pese a las visiones más catastrofistas que hace algunos años auguraban un futuro oscuro para ese pequeño paraíso, al menos en lo que al nudismo se refiere, he descubierto que aunque no es el lugar que podría llegar a ser con una buena gestión, sigue siendo un buen lugar. Y sobre todo, sigue siendo el “lugar” nudista por excelencia.

Había quien vaticinaba que las construcciones textiles que se están edificando en los alrededores terminaría por echar de allí a los nudistas. Afortunadamente he visto como la convivencia, el respeto, y sobre todo, la aceptación por parte de los textiles de tener a gente desnuda como vecinos es tremendamente admirable. Bien es cierto, que todavía no estábamos en temporada alta y la zona no estaba muy masificada, pero creo que pequeñas muestras pueden ayudarnos a extrapolar una situación mayor.

¿Hubiera sido mejor aislar la zona nudista y protegerla del “acoso” constructor y textil? He visto que no. He visto que se ha renunciado a una buena parte de intimidad por parte de los nudistas que la buscan, y que desean estar en su jaula de oro sin interferencias textiles; pero también he visto que la zona ha ganado en vida, pues antes más allá de las urbanizaciones sólo había “tierra quemada”, mientras que hoy está lleno de callejuelas, pequeños negocios que se aventuran pese a la crisis, y gente que va y viene hacia la playa o a rumbos sin determinar. Algun@s van desnud@s y otr@s vestid@s, aunque lo más importante es el saludo que se cruzan con el vecino y no la ropa que llevan.

¿Puede darse una situación peor? Por supuesto que sí; pues esas pequeñas parcelas que los nudistas han “conquistado” como son los chiringuitos de playa, el burdo paseo marítimo que circunda -sobre todo- la zona naturista, esa cabina de helados que está en el aparcamiento, o el PuntoNat de Luispe, si se abandonan por parte de esa mayoría de usuarios nudistas en pro de una -creo inexistente- presión o vergüenza (¿de qué avergonzarse?) hacia los textiles, será cuando estos ocupen ese espacio que a día de hoy parecen respetar y desean compartir con los nudistas.

Me desconsuela ver como hay cierto abandono por parte de las autoridades políticas (la de seguridad me la crucé en varias ocasiones, cosa que antes nunca me había sucedido) respecto a la creación de nuevas infraestructuras y mejora de las existentes. Parece que la zona ha quedado en manos de las constructoras obligadas -muy probablemente- por convenios urbanísticos a mejorar la zona en la que se asienten, así el ayuntamiento se ahorra tener que urbanizarla y se justifica ante los que llevan allí años prometiendo que tarde o temprano les tocará a ellos. Por el momento parece más tarde que temprano, pues sigue igual que hace años: bordillos de aceras rotas, calzada sin pintar, papeleras sin reponer, jardines sin cuidar…

Pero esa no es mi guerra. Y mi batalla será volver por allí, salir nuevamente a pasear desnudo por dónde me apetezca sin preocuparme que en el portal de la urbanización que tengo enfrente cuelgue un cartel de “uso nudista”. Para mí, hoy por hoy, Vera sigue siendo un gran paraíso nudista. Más grande, pero nudista… mientras no se demuestre lo contrario.

Xouba

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