Nudistas de circunstancias.

Tengo un amigo que a poco que hablamos de verano o playas, me suelta la misma pregunta: ¿y tú sigues siendo nudista?

La respuesta ya la conoce sobradamente, porque en más de una ocasión, esto no es una enfermedad, una moda, o una afición: es un estilo de vida, al que uno llega tras replantearse ciertos conceptos, y con una evolución de la moral y costumbres aprendidas. 

El caso, es que tras mi respuesta, siempre llega la siguiente pregunta suya: ¿y si te encuentras con alguien? Evidentemente se refiere a alguien “conocido” pues ya le ha quedado claro que con “alguien” siempre suelo compartir playa o espacio. Me he dado cuenta que esa pregunta no la tiene en exclusividad, ya que a mucha gente le asalta esa duda siempre que sale el tema del nudismo. En cierta medida, es normal, pues estás elevando a categoría de público algo que hasta ese momento considerabas privado. Y tal vez, resida ahí el meollo del asunto. Aunque alguien se desnude en una playa, un parque, un camping, o un rio, si continua adjudicando el rango de ‘privado’ a su desnudez, sin desmitificarla, no será capaz de aislarse y vivir plenamente esa desnudez. Mientras otee a su alrededor, escrute cada esquina, o cruce su mirada con los que pasan, buscando un reproche, una complicidad, un “que te veo” acusador; esa persona además de no disfrutar del nudismo, no será nudista, y se sentirá cargada de culpa porque la busca en los demás.

Esos son los nudistas de circunstancias: si le son favorables, si todo el mundo convive desnudo, o es un espacio tranquilo alejado de miradas, entonces se consideran nudistas, porque se desnudan y lo disfrutan. Esas mismas personas en cuanto crean que están en un lugar dónde los pueden observar, o donde otros le puedan reprender su actitud, recularán y dejarán de ser nudistas.

Todos en mayor o menor medida somos nudistas de circunstancias, porque según lo planteado pasearíamos desnudos por las calles o asistiríamos a playas textiles con toda naturalidad; y sin embargo, no lo hacemos. Pero -como en todo- hay las circunstancias de situación, y las circunstancias extremas; es decir, momentos propicios, y momentos impropios. 

Yo me he desnudado en una playa textil, rodeado de cientos de personas con sus bañadores, fiambreras, tumbonas y sombrillas. Pero he buscado un lugar medianamente discreto para hacerlo, aunque no me he ocultado. Lo he hecho porque tengo derecho a hacerlo, pero también debo ser consciente de que mi actitud puede generar malestar en alguien y tampoco busco ir provocando esa sensación en nadie, y si la playa me permite situarme en un lugar donde no molestar, ni que me molesten, me voy hasta el.

No me he desnudado en ninguna ciudad (salvo en Vera o el Charco del Palo), porque no he encontrado eso que detallo en el apartado anterior. Si lo encontrase, si las circunstancias de esa situación lo permitiesen, a buen seguro que lo haría.

Xouba

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