Todos desnudos.

De nuevo la tele. De nuevo un anuncio dirigido a las masas. Lo que no es nuevo es que lo haga un banco. La publicidad en cuestión situa a una persona tímida ante un grupo de gente que la escrutan para dar una charla, conferencia o lo que sea; una voz en off suelta un consejo: “imagínatelos a todos desnudos”. Y el tio se crece, pierde su vegüenza, su timidez se esfuma, el espíritu santo lo ilumina y la verborrea sale por su boca plagada de confianza. Todo sale bien, todo es maravilloso.

De nuevo se muestra la desnudez como circunstancia de menosprecio. El mensaje subliminal, definitivo y demoledor del anuncio es: la gente desnuda es inferior, con tu ropa tú eres superior. Míralos con orgullo, sin miedo, sin timidez… tú no tienes de qué avergonzarte, ellos sí: ¡¡están desnudos!!

Tras esta campaña publicitaria, que al banco le reportará beneficios en no sé que forma (¿realmente necesitan publicidad los bancos? todos estamos obligados a pasar por el aro, tarde o temprano) llegará el verano, volveremos a las playas a desnudarnos y algún textil acomplejado por su físico, sometido por su baja autoestima, y subyugado por su timidez, visitará una playa nudista para pasearse con su bañador floreado entre gente desnuda sintiéndose como el hombre ese del anuncio: crecido, importante, confiado, seguro de sí mismo. Probablemente no será uno, ni dos, sino unos cuantos más. Lo lamentable es que una vez que salgan de la playa volverán todos sus complejos y miserias, pero al menos durante un rato disfrutó creyéndose mejor que alguien.

Los nudistas de la playa, lo miraremos, intuiremos su satisfación, pero a la vez veremos como todos esos complejos siguen atados a su tobillo cuan bola de reo condenado a arrastrarla hasta que encuentre la llave que le permita liberarse para siempre. Alguno de ellos incluso nos provocará hilaridad, pero seguro que la mayoría nos cabrearán porque pensaremos en el anuncio y nos cagaremos en la entidad que lo patrocinó, y el publicista al que se le ocurrio semejante idea, pues ahora gracias a ellos tenemos a un rebaño de textiles paseándose entre nosotros para que le sirvamos de ayuda psicológica gratuita.

Lo mejor de todo es que si una joven sale desnuda anunciando un gel de baño, distintos colectivos ponen el grito en el cielo porque se ‘utiliza’ el cuerpo de una mujer. Sin embargo si se ‘utiliza’ el cuerpo de la mujer, y del hombre, con un claro fin de ponerlos en inferioridad respecto a otro, aquí no protesta ni el tato. Hay que ser progres. Y gilipollas también.

Xouba

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