El presentador.

Día de playa. Sí, han tardado en llegar, pero lo han hecho. Calor, playa y una agradable brisa marina de los que hasta ahora pocas veces hemos podido disfrutar en lo que va de año.

Buscamos una playa tranquila, pues el fin de semana caluroso preveía que las habituales estarían saturadas. No nos equivocamos y en la playa hay poca gente; así que, montamos el campamento playero no muy lejos del camino de acceso. Cuando apenas habíamos llegado, aparece una pareja de 40 y pico años que luego de mirar para un lado y para otro, deciden -al igual que nosotros- colocarse cerca del acceso y por tanto, relativamente cerca de nuestro sitio. También se desnudan y ambos se calan un amplio sombrero para ir hacia la orilla. Tras un rato largo en la orilla y como tampoco había mucha gente más me quedo mirando aquella cara que me resulta conocida. Pienso que será una jugada de mi percepción y creo confundir al hombre con un presentador de televisión. Por si acaso y para no parecer indiscreto retiro mi vista y me tumbo al sol.

Ahora soy yo el baja a la orilla, me baño, me tumbo a refrescarme con cada ola, y de nuevo compruebo como aquella pareja también baja a mi vera a bañarse. Al meterse el hombre en el agua, deja el sombrero a su pareja, y ahora sí no deja lugar a equívocos. ¡A este lo conozco! Y efectivamente era el presentador de TV que junto a su pareja compartía playa conmigo totalmente desnudos.

Al salir del agua, tal vez el hombre se da cuenta que lo he reconocido y me envía un saludo con un guiño. Y como uno no puede contenerse ante el atisbo de una buena conversación, aprovecho ese guiño para saludarlo y charlar un rato con él. Evidentemente hablamos de nudismo, de los inconvenientes que tiene la gente algo conocida para practicarlo pues todavía no está bien visto por parte de la sociedad; cuando le comento que no estoy de acuerdo con eso, me confirma que tal vez ante una persona anónima respondan a su desnudez con indiferencia, pero para una persona conocida habrá de todo menos indiferencia. Además -señaló- que cuando uno vive de su imagen pública como él, debe transmitir lo que el público quiere que le transmita pues en cuanto no lo haga: adiós pan.

Le planteo lo bueno que sería para el nudismo y los nudistas que más de una vez algún famoso saliera a la palestra diciendo que también forma parte de ese colectivo, al igual que han hecho otros (por ejemplo, los homosexuales). Me responde que tal vez si fuera homosexual lo diría pues sabría que lo que hacía en la intimidad con otros nunca saldría en portadas de revista, mientras que su desnudez sí. Que por un lado la sociedad afirma que no le importa ver desnudos en sus playas, y por otro se lanza en masa a los kioskos en cuanto una mujer es “pillada” en top-less. Lo que demuestra que sí le importa, aunque sea para saciar el morbo.

No continuaré aquí reproduciendo la conversación, más que simplemente para dejar esta pequeña muestra y la opinión del “otro lado” pues en una ocasión ya había versado sobre los personajes públicos y el nudismo expresando entonces lo que le transmití ayer a mi interlocutor.

Nos despedimos amigablemente luego de hablar unos minutos y de comentarle otros lugares discretos en los que puede disfrutar del nudismo sin preocuparse de acabar ilustrando alguna revista y saciando el morbo de unos cuantos.

Xouba

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