Déjalos hablar.

A raiz del desnudo de una concejala de Lepe en una publicación, las charlas políticas de esta semana casi siempre derivan hacia la actuación de la concejala.

En medio del fragor de la tertulia, una persona -un hombre para concretar un poco-, apunta que rechaza de plano la anécdota del desnudo y aporta unos cuantos argumentos, por los cuales me intereso solicitándole que amplie información y que aquí resumiré con detalle:

a) Pérdida de respeto: la desnudez -siempre según mi interlocutor- elimina toda “protección” y nos hace más vulnerables a los ataques de nuestros enemigos.

b) La imagen: deteriorada por hacer algo que nadie hace, por exhibirse en un escaparate como mercancía de saldo.

c) El cargo público: que exige decoro y comportarse como la mayoría que la ha votado.

Ni que decir tiene que he acabado con sangre en la boca de tanto morderme la lengua mientras el hombre exponía -no en ese orden, pero sí con esas palabras- sus tesis acompañadas de gestos que le diesen más peso.

Tomo la palabra y casi de carrerilla le suelto que la desnudez no es que sea algo que no hace nadie, más bien lo hace todo el mundo cada mañana en la ducha, lo de la portada de la revista ha sido una consecuencia de otra anterior (revista Lepe Urbana) y que la mujer no se exhibe porque de esas fotografias intenta arrancar la misma excitación sexual que la maja de Goya; sobre las mayorías que votan, le pongo ejemplos de fumadores que votan a políticos que no fuman y que incluso sacan leyes que luego les prohibirán fumar, continuo con deportistas que votan a políticos que nunca hacen deporte, y con mujeres que votan a hombres, ¿significa eso que tendría que haber un político por voto?; y dejo para el final lo de la vulnerabilidad y el respeto, le pregunto si mis palabras le parecen respetables, a lo que asiente con la cabeza, y antes de que diga nada más lo atropello con un contundente: pues yo también soy nudista ¿me perderás el respeto?

Continúa con matices, con que no es lo mismo, con que digo Diego donde dije digo, y más mordidas de lengua para mí porque estaba rizando el rizo para peor.

Salí de allí convencido de que ninguno de mis compañeros me había perdido el respeto. No creo que el otro pudiera decir lo mismo; y eso que él no se desnudaba para no perderlo.

Xouba

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