Pintapelos.

Vale, ya está bien de inundarme la bandeja de entrada de mensajes pidiendo que aclare el ‘pseudónimo’ con el que califiqué a la presentadora de TV en el anterior artículo y que titula este.

La historia se remonta a un par de años atrás cuando la persona en cuestión dirigía la revista Interviú. A estas alturas huelga decir cuánta ropa lucen las modelos que ilustran algunas de las páginas de esa publicación.

Hasta que un día un buen amigo comenta que las modelos han perdido encanto con tanto retoque digital de las imágenes, que algunas incluso parecían más dibujos tridimensionales que modelos reales. Le confirmo lo apuntado y le apostillo que me inclino por una belleza más natural, respetando el glamour conseguido por peluqueras, maquilladoras, iluminadores, o estilistas, pero de ahí a poner o quitar caderas, pechos, o abdomen ya me parecía extravagancia.

Y es aquí cuando al citar lo de poner o quitar, mi interlocutor me advierte sobre los pelos que le pintan ultimamente a las retratadas en sus partes íntimas. Muestro mi asombro y pido aclaraciones, a lo que me responde contundentemente ratificando lo dicho. Y me pide que me fije bien cuando vuelvan a mi las páginas de esa revista.

Dicho y hecho. Y aunque he de reconocer que en algunos casos bien podrían ser reales, en otros muchos se apreciaba sobremanera el pincel del Photoshop.

No tardo en cruzarme con un amigo que ejerce de diseñador gráfico y de retoques digitales entiende un rato, y le muestro mi reciente descubrimiento al que me responde con una carcajada y el interrogante: ¿Aún te das cuenta ahora? Al parecer, en el sector, ya se había comentado el tema hace algún tiempo y coincidían en que con la llegada de la nueva directora habían llegado los “pelos” y de ahí a apuntarme el mote pasó un segundo: pintapelos.

Entre los equipos de diseñadores gráficos y maquetadores se comentaba que las modelos (y también las que no lo son) en los últimos tiempos han optado por prescindir de aquel vello que no embellece y en ciertas publicaciones consideraban que “se les veía demasiado” por lo que daban órdenes a los retocadores que ocultasen aquello que no gustaba.

Parece mentira que publicaciones en las que la publicidad de pornografía llena páginas, quieran salvar los muebles ante la visión de los genitales femeninos. Tal vez no se vean reflejados en esos semejantes, tal vez ellos no guarden entre sus piernas lo mismo que otros, y por eso, tal vez, cubran la vergüenza ajena de su vergüenza.

Xouba

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