Nudismo de cada día.

Tarde en la piscina, climatizada, que en la exterior todavía enfria demasiado el cuerpo. En el vaso grande varias personas entrenando, nadando de un lado para otro. En el vaso pequeño, varios niños juegan con sus padres. En los jacuzzis más gente compartiendo charla y relax. Muy cerca, las pocas tumbonas del solarium se agolpaban en unos escasos metros donde todavía el sol se colaba por los cristales.

Al terminar de hacer un poco de ejercicio, me dirijo a la zona de relax: jacuzzi, duchas frias, chorros,… que me dejan nuevo. En mi devenir entre los distintos ambientes me encuentro con un amigo que me conduce hacia el solarium para aprovechar el calorcito del sol. A escasos metros dos mujeres charlan animadamente mientras sus niños juegan en el vaso infantil. Apenas captan mi atención, salvo por su proximidad y por que se afanan en secarse vigorosamente la cabellera y de vez en cuando dan instrucciones a los pequeños. Son jóvenes y sus cuerpos delatan que les gusta el deporte.

Mientras continuo la charla con mi compañero, una de las mujeres agarra uno de los tirantes de su bañador, luego el otro y lo arrastra cuerpo abajo. Se lo saca, le escurre el agua, se gira, rebusca en una bolsa y se coloca otro seco. Así como lo cuento, con la misma naturalidad. Sin dejar de hablar con su compañera, ni atisbar a su alrededor por si se dejaba caer alguna mirada. Ni yo, ni mi compañero comentamos nada, pues no daba lugar a comentario alguno. Fui consciente de que algunas de las personas que estaban en la piscina ese día también la vieron, o pudieron verla; incluso alguno de los monitores, pero allí nadie hizo el más leve comentario, ni guiño, ni ademán de recriminar una conducta poco frecuente.

Había visto esa maniobra más de una vez en mis excepcionales visitas a playas textiles, sobre todo en mi pareja o en alguna de las chicas de nuestro grupo (habitualmente nudista). Yo mismo me cambio de bañador o cualquier otra prenda con la misma naturalidad que me cambio de zapatos. Pero el hecho de trasladar esa conducta a un lugar nuevo -al menos, para mí- me sorprendió lo suficiente como para comentarlo aquí.

Creo que ese día hizo más por la normalización del desnudo esa mujer, que un servidor con todas las letras que lleva aquí escritas en los últimos años. La mujer no vulneró ninguna de las absurdas reglas de la piscina, no permaneció desnuda en el recinto, simplemente se cambió de ropa. Podría hacerlo en el vestuario, o con la toalla como el 99% de los usuarios -cuando necesitan cambiarse-; pero decidió no molestarse, ni molestarnos, pues su conducta no resultó ofensiva. A lo sumo, curiosa. Por eso le regalo estas lineas.

Xouba

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