Vogue.

No se como, pero para mi desgracia y cabreo llega a mis manos un ejemplar de esa revista. Cuando apenas llevo diez páginas leídas (más que leidas ojeadas), la primera pregunta que me asalta es que cómo puede haber alguien que se la compre, y no sólo eso, sino que además se la lea. A poco que continuo, mi cabreo va a más y llego a plantearme solicitar ante un juez -mejor dicho ante uno “prensacalificado” como superjuez- que secuestre esa publicación, detenga a sus directivos, e impida que jamás vuelva a estar en la calle, tal y como ha hecho antes con otros diarios; porque si aquello era apología del terrorismo, lo que veo en esas páginas va más allá que eso. Sus víctimas aseguro que serán más.

A tí que estás leyendo esto dirás: ¿pero qué coño le pasa a este hoy que está tan reaccionario?. Déjame que te explique: en las diez primeras páginas, amén de encontrarme con 5 o 6 que sólo contienen publicidad, me cruzo con el sumario y en el se detallán los artículos y los números de página; algunos títulos: culo perfecto… disimula esos michelines… levanta tu pecho… nueva figura… y así uno tras otro. La revista parte de la premisa de que todas las mujeres son amorfas, feas, imperfectas, que deben ocultarse -sino completamente- gran parte de ellas, y eso a medida que avanzan las páginas va a más. Vamos, que no termina llamándolas cabras del Himalaya en un reportaje sobre vello facial porque igual se notaba que se les iba demasiado la pinza.

No puedo dejar de imaginarme una adolescente con una personalidad aún por formar, con cientos de dudas sobre su cambiante cuerpo, y a la que llega esta revista a sus manos. Bienvenidos complejos. Adiós autoestima.

Afirmo que no la leí toda, simplemente me quedé con los pies de foto, párrafos sueltos y algún que otro cuadro-resumen que reparten por sus páginas, y en ninguno el mensaje era “acéptate como eres”, en todos “adáptate a nuestro modelo”. Porque todo lo hay que decir, que la belleza que ellos definían era “su” belleza. No existen mujeres bajas, ni anchas de caderas, ni con pecho prominente, ni con la talla 40… todas pesan menos que los depojos de conejo, sus pechos no entienden de la ley de la gravedad y sus caderas no son capaces de albergar un feto de pocas semanas. Adiós diversidad femenina. Adiós esa humana belleza que tiene cada cuerpo. Adiós a esas miradas limpias de las adolescentes que se pierdan en sus páginas, porque tardarán en volver a encontrarse a sí mismas.

Por mi parte esa revista ya no existe, jamás volverá a entrar en mi hogar. La fatwa que le acabo de declarar espero que la condene a los centros de estética para que sobreviva allí alimentándose de los complejos de una sociedad que crea monstruos y que tal vez se tenga merecidos.

Xouba

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