Con ese cuerpo.

Llegó con paso firme pisando la arena. Con decisión buscó un sitio ni cerca ni lejos de los que estábamos allí. Estiró su toalla, se despojó de todas sus ropas y comenzó un juego con el bronceador que atrajo hasta las miradas de las gaviotas.

He visto ponerse bronceador o crema de protección o lo que sea a cantidad de personas en la playa, algunas desnudas y otras vestidas, pero nunca como lo hacía aquella persona. Yo la tenía de espaldas pero no me hizo falta mucha perspicacia para adivinar que sus pechos centraban la atención del masaje con el que estiraba la crema. Sí pude ver como la repartía por su retaguardia, convirtiendo aquel gesto en algo más que una provocación. Si buscaba llamar la atención de sus vecinos de playa lo estaba consiguiendo. Algunos incluso ya se habían levantado de sus toallas para ver mejor la maniobra, y no disimulaban su interés porque no hacía falta ya que era lo que buscaba la joven.

Realmente tenía un cuerpo perfecto. Proporcionada, sin un gramo de grasa y con una dosis de feminidad que exudaba seducción por cada poro de su tersa piel. Allí en pie como estaba y una vez que hubo terminado de jugar con el blanco líquido comenzó a peinarse. Inútil acción pues el viento se reía de sus cabellos llevándolos donde él quería. Pero para ella era suficiente con tal de centrar las miradas. Llegado a este punto pude comprobar como algún paseante orillero había detenido su andadura ante la visión de aquel cuerpo pero quizás más atraido por el juego de su pelo, el peine y el viento.

Me reafirmo en que no es que uno estuviera más sensible esa tarde, porque a poco que miraba a mi alrededor, ojos de asombro confirmaban mi postura. Fue entonces cuando comencé a sentir rechazo por lo que estaba haciendo la joven. La ausencia de decoloración cutanea en aquellas zonas menos expuestas hacía creer que no era ajena a lugares nudistas, pero para nada aquel comportamiento podría considerarse propio de una nudista con numerosas visitas a playas portando el traje de Adan. Creo que la joven hubiera actuado de igual manera en cualquier otra playa, o en cualquier otro lugar, pues era de esas pocas personas que gustan de ser vistas aunque ella iba más allá gustando de ser exhibida.

A mi juicio es una forma más de exhibicionismo, tal vez sin alardear de genitales, pero sí buscando una provocación eminentemente sexual. Para algunas personas la atracción de las miradas se confunde con atracción sexual; pobres: ¡qué vida sexual más aburrida deben tener!. Y además con fecha de caducidad porque nadie es eternamente joven.

Lo que no acabo de comprender de todo este juego fue la rapidez con que se deshacía de los más osados que abandonaron sus toallas y se acercaron -supongo que con cualquier disculpa- a intentar entablar conversación con ella. Los despachaba en segundos. Esto fue el punto de la i que acabó de confirmarme el lado exhibicionista que nos había regalado (y que nos regalaba con cada ida y venida al agua) con el único fin de atraer miradas, ya que -según parece- pareja no necesitaba.

Si alguien ajeno al nudismo pasaba en alguno de esos instantes por la orilla, la imagen que se habría llevado sería la misma con la que me estaba quedando yo, y la que volvería a su mente cada vez que una chica le hiciera saber que disfrutaba de la playa sin ropa. Como siempre, el pecado de uno lo pagamos todos.

Xouba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: