Sólo para mujeres.

Desde otra bitácora me llegan los ecos de un grupo sobre naturismo en el que en primer lugar se baraja la posibilidad de realizar un encuentro para mujeres naturistas al que invitar a otras mujeres. Luego cuando ponen la iniciativa en práctica que queda un tanto descafeinada pues lo llevan a cabo en un establecimiento no nudista y por tanto en el que no les permiten ir desnudas. La finalidad es acercarse entre si, y a las interesadas, al mundo del naturismo.

Como iniciativa no está mal. Y como proyecto tampoco. Aunque no tiene nada nuevo, al menos para mi, pues en más de una ocasión compartiendo conversación con mujeres, muchas de ellas que en su vida han practicado el nudismo admiten abiertamente que si supieran de un recinto, espacio, playa o campo, en el que sólo entraran mujeres, y por supuesto desnudas, ellas también se desnudarían sin problema alguno. Es más, afirman que les encantaría que alguien lo llevase a cabo.

El porqué lo dejan bien claro, y también me he encontrado con que no tienen reparos en exponerlo con una supuesta encomiable razón que les asiste: ¡que no hay hombres!. Primero nos ponen a todos al paredón, y luego aprietan el gatillo. Supuestamente a esta sociedad el hombre aporta el sexo, y con él todas las depravaciones imaginables que podemos portar sobre nuestros hombros, pero sobre todo nuestra “mirada”. Muchos de los primeros y únicos argumentos que te plantan sobre la mesa es que estarían ajenas a las miradas de los hombres. Y no lo entiendo. Además de meternos a todos en el saco de los mirones enfermizos, resulta que con nuestras miradas profranamos el sagrado templo de su cuerpo.

Y es curioso, porque a poco que “mire” para alguna de mis interlocutoras resulta que aquellas que más insisten en alejarse de la mirada sucia (¿de qué me suena esto?) del varón, son aquellas que más cuidan su aspecto personal: maquillaje, joyas, tintes, etc. No se lo reprocho. Está claro que gustan de ser miradas, pero desnudas sienten que no son dueñas de la situación. Al menos eso transmite su imagen. Su maquillaje y sus joyas conducen la mirada del otro a dónde ellas quieren. Su desnudez, su cuerpo y su piel falta de alardes que le permitan someter la mirada del otro en la dirección que ellas ordenen, las coloca en una supuesta situación de desventaja creyéndose que el varón se sentirá atraido por lo único que creen que nos atrae. Falsa creencia. Falsa atracción.

Puede que me equivoque, es más, quiero ver que me equivoco; aunque lo poco que he versado sobre el tema con las féminas ajenas al nudismo no me conducen por otra senda más que la expuesta en estas lineas.

Xouba

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