Primer día de playa (2006).

Ya he disfrutado de mi primer día de playa. Bueno, de playa y de campo, porque el día me ha rendido mucho. Ha sido durante la semana pasada, aprovechando las vacaciones. No, no me he ido a ningún lado; aquí en mi tierra también brilla el sol.

Fue el pasado jueves, el día amaneció despejado y el sol golpeaba con fuerza, aunque a la sombra se notaba que a esta primavera todavía le queda mucho por recorrer en el termómetro. No esperé más. Familia, comida, coche y rumbo a la playa. Una delicia. El mar todavía golpeaba con furia a medida que la marea se comía metros de arena, pero la temperatura del agua no invitaba a pasarse minutos dentro -con unos segundos bastaba- así que ese furioso oleaje se transformaba en relajante golpeo del agua contra la orilla.

No me senté ni un momento en la toalla. No me llegaba la playa a nada. La recorrí de punta a punta. Y cuando me cansé de playa me aventuré al monte. De nuevo la hierba fresca bajo mis pies. Senderos recorridos cientos de veces se abrian nuevamente vírgenes ante mis ojos y mi presencia. El trinar de los pájaros me daba la bienvenida. Y me saludaban, no sólo los pájaros sino también algún que otro aventurero que se atrevía por los mismos senderos que yo.

Un pequeño montículo rocoso que se abria al mar me sirvió de garita desde la que contemplar el mar, la playa, la gente tumbada y jugando en la orilla, y a mi espalda nuevamente el bosque y sus caminos. Allí en lo alto la brisa de Eolo me recordó que estaba desnudo y que su aliento todavía no traia la calidez suficiente para permitir quedarme un rato. No importa. Me sentía plenamente satisfecho.

Al volver por otro sendero un poco más transitado un par de jóvenes adolescentes -mujeres para más puntualización- se sorprendieron de mi presencia; y yo me extrañé de esa sorpresa pues irremediablemente el fin del camino por el que transitaban las llevaría a la playa donde se encontrarían con más gente desnuda. Concluí que esa sorpresa vendría derivada de su inocencia al creerse que sólo se podrían encontrar gente desnuda sobre la arena. Craso error. Cada día somos más los nudistas que descubrimos lo amplio que es nuestro mundo. ¿Cuánto tardaré en cruzarme en uno de esos senderos con otra persona llevando puesto el traje de Adán?. Quizás menos de lo que pienso.

Xouba

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