Cena nudista.

Suena el teléfono y la voz del otro lado me saluda afectuosamente -no me esperaba menos- y me dice:
– ¿Qué tal tienes el próximo fin de semana?
– De momento, sin compromiso.
– Es que hace tiempo que nos vemos y estábamos pensando en quedar para cenar todos juntos.
– Vale, por mi perfecto.
– Aviso, ¡¿cena nudista?! -me advierte, medio amenazante, medio interrogante-.
– Ya te he dicho, que por mi perfecto. Todos más cómodos.

Tras unas risas que respondían a las mías, continua con una explicación más detallada:
– Es que hemos estado viendo las fotos de la cena pasada y nos entró la ‘morriña’. Así que pensamos que no estaría nada mal repetirlo.
– La verdad, es que me has leido el pensamiento. Esta misma semana se me ocurrió a mi lo mismo.
– Entonces ¿quedamos para el sábado en nuestra casa?.
– Como lo preguntes más veces voy a terminar diciéndote que no (e inserto unas risas para acompañar mi supuesto enfado).

Nos despedimos no sin antes dejarnos unos saludos para nuestras respectivas familias e incoharnos a volver a hablar antes del acontecimiento.

A algunas personas puede resultarle extraño esto que acabo de comentar, y reconozco que para ajenos y neófitos en el mundo naturista raya en lo chabacano; y de hecho es motivo de discusión en muchos foros donde los novatos suelen mostrar su relativa disconformidad o incomodidad ante una situación así. Alegan siempre cierta etiqueta para esos actos; los tan traidos y llevados “motivos de higiene” que últimamente sirven de escudo antidisturbios para cualquiera que tenga a bien hechar mano de él; y por último también siempre hay quien apunta ciertos intereses morbo-sexuales en el trasfondo de esas reuniones.

Bueno, de opiniones está el campo sembrado; de ellas saldrán los frutos que queramos recoger. Y lo peor, con ese fruto alimentaremos a las generaciones venideras.

De momento, a la generación que me ha tocado criar y con la que convivo cada día, la alimentaré con el fruto de la tolerancia, la adaptación, la condescendencia, la comprensión y sobre todo la vida en armonía con su entorno y con la sociedad en la que se desenvuelva. Tal vez su simiente, el día de mañana, alimente a una nueva generación con el mismo fruto con el esta ha sido alimentada.

Y para terminar, trás este pequeña moraleja, saciaré la sed de l@s más curios@s diciendoles que sí, que mi interlocutor al otro lado del teléfono era una mujer.

Xouba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: