Nudismo obligado u obligatorio.

La sesión de ocio del pasado fin de semana volvió a alargarse más de la cuenta y la señora encargada de cerrar y limpiar el polideportivo volvió a pedirnos que lo abandonaramos cuanto antes para terminar su labor. Por no variar, no le hicimos ni caso; y allí seguimos los cuatro (dos parejas) más uno (la madre de la otra chica) disfrutando del agua más allá del horario de cierre. Ante nuestro acostumbrado descaro y exceso de confianza, la buena mujer que deseaba terminar su trabajo cuanto antes optó por la solución de costumbre, no sin antes preguntarnos cual de los vesturarios dejaba para el final de la tarea para que nos cambiásemos: “el de siempre” fue la rápida respuesta que recibió.

Cuando apagó las luces decidimos salir del agua, tomamos nuestras mochilas y nos fuimos -como siempre- a “nuestro” vestuario común. De camino nos percatamos que no habíamos contado con el factor “más uno” que esta vez quebraba lo cotidiano de nuestra acción. Una vez dentro ella también se dio cuenta del “detalle” que tendría que cambiarse allí entre nosotros. La solución era fácil, cubriéndose con una toalla como otras veces hacía en la playa, tendría el problema resuelto; pero me temo que el hecho de quedarnos todos desnudos en un respiro, meternos en la ducha, compartiendo jabón y toalla, risas y carcajadas, la descolocó un poco. De repente, y sin darme cuenta me encontré desnudo hablando con ella del sano ejercicio que habíamos practicado esa tarde, que tendría que repetirlo, que su salud lo agradecería; entretanto la mujer, que lejos de estar cómoda parecía ajena a mis recomendaciones.

Sin más, sin dejar de mirarme a los ojos, pero con la vista perdida, se sacó el bañador y se quedó desnuda delante mia. La verdad, enfrascado como estaba en la conversación lo vi tan normal como en cualquiera de nosotros. Tras unos segundos en los que se le debió de pasar por la cabeza cualquier cosa menos lo que yo le decía, volvió a este planeta; y afortunadamente volvió desnuda. Se acomodó en su nueva situación, captó el sentido de mis palabras, y comenzó a moverse por el vestuario con la misma naturalidad, soltura y comodidad que mostrábamos nosotros. Se fue a la ducha y le comentó a su hija que aunque llevabán casi treinta años viviendo bajo el mismo techo, jamás se habían duchado juntas, y mira tu por donde ahora no sólo lo hacía con su hija.

La frase fue propicia para sacar el tema de la desnudez, del nudismo, del cuerpo; la señora concluyó que jamás se lo había planteado, y que de hacerlo se negaría en redondo; pero al ver la situación, la normalidad y la confianza que despedíamos, lo consideró obligado. Y puntualizó “que no es lo mismo que obligatorio”; a lo que le respondí que me lo matizase porque me gustaba esa definición: “a mí nadie, ni por activa, ni por pasiva, me ha pedido que me desnude; lo hice porque yo quise y porque la situación lo requería”.

Visto este razonamiento tan positivo para la causa que defiendo desde hace años, cabe preguntarse si la desnudez en las playas de uso tradicionalmente nudista el desnudo debe ser obligado u obligatorio. Mi posición si no se ha leído entrelineas es porque el lector la ha pasado por alto, pero creo que está bien clara. Ahora me gustaría saber la tuya…

Xouba

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