Otra de disfraces.

Hace más de un año, tecleaba en este mismo lugar un artículo que trataba sobre disfraces (concretamente este). Pero te prometo que las lineas que vienen a continuación sólo guardan en común el título de la propuesta.

Resulta que si te sumerges en la red y te dejas llevar por las miles de páginas sobre el carnaval, miles de imágenes inundan tu monitor. Hay carnavales de todo corte y confección, y algunos -sobre todo el brasileiro- con muy poco corte y muy poca confección, en los muy variados sentidos de ambas palabras. La exaltación de la carne llega a su máxima expresión en el sambódromo, o -según se intuye- en cualquier calle de Rio de Janeiro. Evidentemente la mínima expresión del textilismo queda patente de igual forma.

Luego uno se pasa por Mente Limpa – Corpo Livre de origen brasileño y se encuentra con que están desarrollando una encarnizada lucha con las autoridades para que se normalice el top-less en las mujeres, y que el desnudo en público fuera de guetos puede terminar con los huesos y la piel del nudista entre rejas por una buena temporada. Tal vez por eso, cuando llega el carnaval y las autoridades utilizan un antifaz si agujeros para los ojos las jóvenes aprovechan y se pasean con descaro luciendo su desnudez ante los aplausos de la muchedumbre.

¿Podría pasar esto mismo en nuestras calles?. Tal vez el frio no lo permita, pero de ser posible creo que la carne se vería más prieta por las telas que allá en los mares del sur. Para muestra la anécdota que me contaron y que ocurrió una vez en una fiesta privada de disfraces en que se encontraban unas 300 personas: gracias a que el recinto era cerrado y acondicionado los atuendos se permitían ser ligeros de ropa y la gente aprovechaba esa circunstancia; así que faraones, romanos, caribeños, etc… bailaban semidesnudos por la pista de baile, y los invitados comentaban lo guap@s y apañad@s que vestían. Avanzada la fiesta y en medio del furor de la noche, el calor, el baile, y -porqué no decirlo- el alcohol, una chica se despojó la parte superior de su disfraz quedando su torso igualmente desnudo que el de muchos hombres y sólo un poco más que la mayoría de las mujeres. Tanto su grupo de amigas, como muchas de las mujeres que estaban allí habían practicado top-less en las playas que se encontraban a pocos metros del local; pero llegados a este punto salio a relucir nuevamente la hipocresía social y un rumor de desaprobación llegó hasta los oidos de quien me narraba esta historia.

Vergüenza ajena. Me asegura mi interlocutor que fue lo que sintió. Y no por la joven que bailaba en una esquina de la pista con el torso desnudo; sino por el guarda de seguridad que la incoó a que se cubriera. Y peor aún cuando se le ocurrió decir que veía desmedida la actuación del guarda, al parecer le insinuaron que buscaba que aquello se convirtiese en una orgía de sexo desenfrenado. Lo tendrían difícil pues con el alcohol que se había consumido much@s estarían parcos de reflejos.

A la hipocresía social le resulta más cómodo relacionar desnudez con sexo que con comodidad, libertad, o expresión de un@ mism@. Queda más fino, más acorde con la posición que a un@ se le supone debe adoptar. ¿Para cuando colocarnos en el lugar del otro, y no al otro en el nuestro?.

Xouba

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