Un impulso incontrolable.

Recuerdo este verano, como un grupo de amigos pasamos un rato divertido con la anécdota de uno de ellos. La situación es la siguiente: día de calor asfixiante, el agua con una temperatura agradable, y todos con ganas de pegarnos un baño. Que no se quiere levantar de la toalla cuando nos vamos al auga. Su pareja que le insiste, y el grupo también. Que tiremos para la orilla que el ya viene ahora, reclamaba. Hasta que un energúmeno del grupo suelta lo que a muchos ya se nos había pasado por la cabeza: “¡que te has empalmao!”. La cara se le puso de mil colores la pobre hombre, creo que la mayoría nos reíamos más por la naturalidad de la frase que habían soltado unos segundos atrás que por el hecho en sí.

En estas, su novia pide una tregua. Que nos vamos para el agua y ella se queda esperando a que se le pase la “enfermedad”. Evidemente, con esa palabra utilizada para definir su estado generó más comentarios jocosos; con lo que entre risas nos fuimos para la orilla dejando a la enfermera con el enfermo. Al poco aparecieron los dos en la orilla. Parecía que el “enfermo” se había recuperado sin apenas tratamiento. Suele pasar, estas enferdades duran poco.

Para no variar una vez llegados la pareja al agua y no perder la racha de humor, continuaron los comentarios y las risas. Fue divertido.

Aquella erección que en cualquier otra situación o lugar podría haberse malentendido, se convirtio en motivo de risa compartida por el grupo. De cómo el grupo supo aceptar, entender y ver que no existía ánimo de provocación por parte de la persona que la sufría. De saber discernir entre lo incontrolable y lo imperdonable. Pero sobre todo me quedo con la madurez del grupo, que por una parte se puede extrapolar a la sociedad nudista en general, donde a estas alturas de la aceptación del desnudo sabe también aceptar, ver, e incluso compartir un hecho que se podría considerar del tipo sexual. Y aquí está la clave, la consideración que tenga el hecho; nadie quiso ver un órgano sexual, nadie quiso verlo, ni de hecho nadie lo vio; simplemente lo que realmente se vio es la incomodidad o el rubor de una persona, ante una situación incontrolada, que escapaba al dominio de su físico. Hay que destacar que en ningún momento supuso vergüenza para ninguna de las partes implicadas, al menos en el sentido de humillación que se le supone que lleva asociado ese sentimiento.

Tal vez en otra situación con otro grupo de gente la reacción no hubiera sido la misma. Pero no fue el caso, y sinceramente espero que dejara de serlo siempre en cualquier lugar. Pero para eso aún queda mucho camino por recorrer.

Por mi parte, hace años que he dejado de preocuparme de esas “enfermedades”. He descubierto que si mi cuerpo reacciona ante el frio con un estornudo; ante el sueño con un bostezo; o ante el temor con un escalofrio; no voy a bloquearlo, avergonzarme, o ruborizarme ante ese impulso incontrolable que aparece cuando menos te lo esperas.

Xouba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: