¿Buenas? noticias.

Otra vez más un par de ¿noticias? o mejor dicho un par de reportajes que nos ‘regala’ la revista Interviu, aunque un poco atrasados viene bien recordarlos.

Hace quince días regalaba un reportaje de unas fotografías de dos bellezas desnudas, que ilustraban el calendario que la revista regaló a sus lectores. Las bellezas se imprimieron a tamaño ‘sobre’natural sobre los autobuses de Madrid y Barcelona y recorieron las calles con los traseros de las señoritas en los idem de los buses. Más fotos e incluso otros medios se hicieron eco del hecho. Desnudas por Madrid, qué ilusión y qué sueño para cualquier naturista. Los viandantes y conductores lo veían con ‘buenos ojos’ según se citaba en alguna televisión. Y dónde está el porqué de esa aceptación del desnudo de estas señoritas y -por ejemplo- el rechazo que provocaría el de un servidor. Vale que uno no es un bellezón, pero seguro que me encontraba con más palos que halagos. La hipocresía de la sociedad se pone nuevamente de manifiesto: un desnudo hermoso y pintado se acepta; un desnudo natural, sin condimientos, se rechaza. A ver si la próxima campaña la realiza interviú en Pamplona y le da más argumentos al bueno de Luis Pérez en su cruzada por la normalización del desnudo; a ver si le sacamos los colores a esta sociedad y su hipocresía respecto a la desnudez.

Más de lo mismo. Aunque en este caso el reportaje que trae Madrid a estas lineas es más reciente, de la semana pasada. Al parecer una discoteca -Arena, creo recordar que se llama- ha desnudado a sus gogos y camareras, dicen que para atraer a la clientela; aunque si los propietarios se martillaran las pelotas sobre la barra también atraería a la clientela, pero qué se le va hacer… se llaman “criterios empresariales”. Para que su desnudez no resulte tan evidente les pintan los cuerpos, redescubriendo el bodypainting a l@s ajenos al naturismo. Y yo me pregunto que si me acerco a la puerta de la disco bodypainteado no me pondrán peros a la entrada. O tal vez sí. Quizás yo no soy comercial, y la carne de la camarera se cotiza bien en el mercado de la noche.

Dejando el cabreillo al margen y suponiendo que la sociedad madrileña acepta tan bien la desnudez natural como la serigrafiada en los autobuses no estaría de más pegarse un viaje en él tal y como salimos de la ducha para ir a la disco Arena, sin pintura ni nada. Puede sonar utópico, pero si unas señoritas han lucido palmito por toda la villa y corte, y otras sirven copas con la piel como uniforme, ¿porqué no soñar con eso?. Estoy intentando hacerlo, pero siempre me veo con casco… y sin moto.

Xouba

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