De puertas para fuera.

Con los primeros frios y lluvias -que se hacían de menos en esta tierra- comienza a ser un poco molesto desprenderse de la ropa al aire libre, más que nada porque ese aire te perjudica más que beneficia; al menos a mí.

Pero la jornada de descanso del día de ayer a servido para disfrutar del naturismo en casa, con los mios. Es muy habitual, por no decir lo normal, que en casa mientras el cuerpo no pida calefacción que pasemos el rato desnudos, al fin y al cabo la ropa es totalmente prescindible.

En esas estaba cuando me veo en la necesidad de ir al trastero (ubicado dos plantas más arriba de mi vivienda) a por aquello que aparcas donde no moleste hasta nueva necesidad; casi sin percatarme abro la puerta y me planto en el descansillo llevando como única prenda mis zapatillas. Y digo “casi” porque lo que me hizo acordarme y devolverme a la realidad textil fue la necesidad de guardar las llaves en el bolsillo. Me quedé parado un rato, miré por el hueco de las escaleras hacia arriba, luego hacia abajo, y me dije a mí mismo que no tenía nada que temer y así me fui con mis zapatillas como única prenda al trastero. Mis vecinos conocen mi condición de nudista, creo incluso que si no me han visto desnudo en más de una ocasión, es porque no le han puesto voluntad, así que supuse que no se extrañarían. Otra cosa, y tal vez por ello ojeé antes las escaleras, son las visitas que pudieran recibir en ese momento.

Me fuí al trastero, busqué y rebusqué hasta que conseguí encontrar parte de lo que daba por perdido, y esta vez, sin mirar antes por el hueco de las escaleras bajé para mi domicilio con las zapatillas puestas.

Luego me pregunté a mi mismo, el porqué puede ser tan habitual que en nuestro hogar nos desprendamos de las ropas y abramos puertas de habitaciones sin preocuparnos de si hay o no hay gente, y sin embargo cuando toca franquear el umbral, esa puerta que nos transporta a la sociedad nos lo pensamos dos veces. Mis escaleras y mi trastero, forman parte de mi hogar, y salvo recomendación o consejo de los vecinos (a los que no me enfrentaré para no crear tensiones), volveré con mis zapatillas como única prenda sobre mi cuerpo. ¡Ah!, y tengo que pensar dónde guardar las llaves la próxima vez, que casi se me olvidan dentro del trastero.

Xouba

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