Mirándoles, mirándonos.

En uno de mis paseos estivales portando el traje de Adán como prenda más útil para mitigar el calor, me aventuré por un sendero por el que nunca había ido y muy poco transitado, pues no encontré los habituales restos que el homo sapiens va vertiendo por donde pasa (plásticos, botellas, colillas, …). Al poco me percaté del porqué de su poco uso, el apacible sendero se convertia en un abrupto descenso en el que más de una vez dudé entre continuar y volverme; pero pudo más mi curiosidad.

Pasado ese tramo el bosque en estado puro se abrió para mi. ¡Qué sensaciones!. A la sombra de los árboles y con el suelo tapizado de hojas secas aquello asemejaba el paraiso. Me adentré más y más en la frondosidad, siguiendo lo que quedaba del sendero pues había tramos en los que había, más que caminarlo, intuirlo.

He de reconocer que el sudor atrajo a más insectos a mi piel de los que hubiera deseado, pero no permití que rompieran la quietud que me reportaba el trayecto.

Cuando ya llevaba un tramo unas voces en la lejanía me devuelven los pies al suelo. Venían del final del sendero, y así, sin ropa alguna, continué hacia aquellas voces que se hacían más claras al igual que la frondosa vegetación. Se sumaron rugidos de motores de vehículos y una especie de bullicio que me recordaba a la ciudad; sin embargo, algo no terminaba de casar, parecía que el bosque continuaba pero aquellos sonidos estaban muy próximos.

Al final del sendero un peñasco me sirvió de improvisado mirador. Una pared de unos quince o veinte metros caía vertical desde donde finalizaba el camino, y abajo el aparcamiento de un merendero en el que un autobús y un par de docenas de vehículos habían portado hasta allí a aquell@s que buscaban una naturaleza artificial. Con sus enseres trasladaban un trocito de ciudad al campo.

Me acomodé en la roca y estuve un rato mirando lo que hacían. Estaba desnudo. Creo que no me vieron en ningún momento y tampoco me hubiera importado, aunque seguro que a ellos sí. Por un momento traté de imaginarme lo que ocurriría si en lugar de estar sentado discretamente en la roca estuviera en pie y con mi desnudez bien visible. Seguro que pensarían que era el eslabón perdido que había sobrevivido en aquellos bosques, o que era un pervertido que intentaba amargarles la tarde de domingo, o un pobre loco que se había fugado de un psiquiátrico. Lo que es seguro que a muy pocos se le pasaría por la cabeza que era una persona a la que simplemente le molestaba la ropa. Mirando para ellos no pude dejar de soltar unas cuantas carcajadas al ver a los hombres sin camisa y sudando dentro de sus pantalones vaqueros, y a alguna de las mujeres sentadas en las sillas de campo con sus vestidos abanicandose con los platos de cartón. Seguro que tod@s estaría más cómodos sin ropa, más frescos, y menos sudados; y seguro que no me mirarían sobre la roca buscando raras disculpas para justificar mi desnudez.

Xouba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: