¡Mira qué bonito!

No sé en que tono lo dijo, ni falta que me hacía saberlo.

El fin de semana pasado, aprovechando el sol que asomaba a ventana; me cojí mis bártulos, mi familia y me marché a pasar la tarde a la playa.

Una delicia. No había mucha gente, pese a lo avanzado del día. Tod@s desnud@s, salvo un par de chicas que habían optado por el top-less.

Al poco de estar instalados en nuestra parcelita playera recuerdo que se me había quedado en el coche la obligada bisera para detener el ímpetu del sol. Sin titubeos, me aferro a las llaves del coche y con el traje de Adán me dirijo al aparcamiento. Situado a pocos metros de la playa no reparé ni un segundo en mi desnudez, es más, a pie del aparcamiento pero ya sobre la arena muchas veces se había situado gente desnuda. Pero ese límite absurdo entre el asfalto y la arena nunca había visto a nadie bordearlo. Y ese era un buen día para hacerlo.

No pude evitar fijarme como algunas miradas se clavaban en mi desde la playa, curiosamente de personas que estaban desnudas, tal vez esperando alguna extraña reacción por parte de l@s ocupantes de los vehículos que llegaban al parking.

Allí estaba yo, desnudo, abriendo mi coche, y rebuscando en su interior donde había ido a para mi gorra la última vez que la utilicé. Una familia en un vehículo similar al mio estaba estacionando justo a mi lado. Cortesmente espero a que finalice la maniobra y no puedo evitar fijarme en los ojos de sus ocupantes clavados en mí: la niña con la cara pegada a la ventanilla, la mami con cara de veo y no quiero ver, el papi centrado en la maniobra, y el bebé pendiente de su chupete.

La primera en bajar fue la progenitora que soltó la frase que titula este artículo. Desconozco si era un piropo, un reproche, o una conversación entremedias con los de dentro. Con mi mejor sonrisa le dediqué un “buenas tardes” y en cuanto cerró la puerta y me libró el paso me colé entre los dos coches.

No pude evitar ver sonrisas entre la gente de la playa. Podrían ser de complicidad, de morbo, de aprobación o ironía; tampoco me importa mucho, simplemente a la pareja y las tres chicas que estaban mirando mi particular “maniobra” en el aparcamiento, les dediqué otro “buenas tardes” cuando pasé a su lado acompañado de mi sonrisa. Detecté un halo de asentimiento de mi conducta, lo que me reafirmó en mi batalla contra los muros invisibles.

Por cierto, y antes de que termine; más tarde calzado con mi bisera y en mi obligado paseo playero me encontré con la familia del aparcamiento en una esquina apartada de la playa, con su sombrilla, sus toallas y sus bañadores. Esta vez no les oí exclamar nada.

Xouba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: