El viento y la tempestad.

Vale bien, ya sé que soy un plasta y que siempre estoy preguntando lo mismo. Pero ¿puede explicármelo alguien?.

Me resulta difícil de entender, y por más que me lo explica mis entenderas no me dan para más. Pero para no tenerte más en ascuas te pongo en situación y te cuento lo que me ha pasado hoy.

Pues que gracias al buen clima del que estamos disfrutando en este final de primavera, me he pegado unas escapaditas a la playa; y la ventaja de estar alejado de las tradicionales rutas turísticas te permite tener para tí solito una inmensa playa; bueno y quien dice solo, dice con media docena de personas más. Hecho que favorece el contacto entre la gente, porque al final, resulta que bien por un motivo o por otro terminas conociendo a todo el mundo.

Me presentan -un chico que conocía de otros años y con el que charlaba en la orilla- a una amiga suya que acaba de llegar. Le indica donde ha puesto sus cosas y le dice que se acerque a la orilla a refrescarse. La joven me resultaba conocida de haberla visto otros años por allí, aunque nunca se había desnudado; también la recordaba un poco más gruesa, incluso la encontraba más favorecida, pues la delgadez que lucía ahora mermaba su belleza.

Continuando con nuestra charla, se acerca la chica y se zambulle en el agua. Comentando lo fria que está se une a nuestra charla sobre lo divino y lo humano. Y allí estamos los tres, totalmente desnudos dándole al palique. He dicho bien: desnudos. La joven había vencido sus temores o prejuicios hacia la desnudez, o eso me creía… hasta que salió el tema. Fue su amigo el encargado de preguntárselo directamente, con la naturalidad y espontaneidad que yo mismo hubiera hecho de ser amiga mía. Y de repente la respuesta de la chica me deja al borde de la ira: “es que antes, con ese cuerpo cualquiera se atrevía a desnudarse”.

¡¡Anda!!, si resulta que ahora le han cambiado el cerebro y se lo han puesto en el cuerpo de otra. Medio en broma, medio en serio, intenta justificar su respuesta -¿porqué siempre que alguien da una respuesta absurda ahonda en ella con una justificación?-: “ahora que he perdido unos cuantos kilos, y se puede mirar para mí, no me importa ponerme desnuda”. Mejor me voy, que aquí la lio. Pero a qué vienes a la playa, ¿a que miren para tí?.

Que no. Que no lo entiendo. Tal vez si situo este hecho en una conducta próxima al exhibicionismo tendría una razón de existir. No hay excitación sexual, pero sí mental. Habrá que redefinir el concepto de exhibicionismo para incluir estas conductas. O tal vez habrá que redefinir a estas personas e incluirlas en la lista de espera de un psicólogo. Porque el que siembra vientos recoge tempestades, y no son conscientes de daño que subyace bajo esa conducta.

Ojalá me equivoque, y pido una vez más: ¡¡que alguien me lo explique!!.

Xouba

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