Una chica normal.

Hoy he estado charlando un rato con “una chica normal”, y sí, lease con rintintín el texto entrecomillado; y no por la chica sino por el calificativo que le dio un día su novio.

Pongámonos en situación: una amiga y compañera habitual de playa de nuestro círculo de amig@s encuentra a su media naranja ya empezado el veranillo pasado. Por motivos laborales y falta de coordinación en los primeros días de la relación no tuvo oportunidad de traerlo a la playa y pasarnos una jornada disfrutando de la compañía hasta pasadas unas semanas de iniciado el noviazgo.

Según parece él nunca había practicado nudismo y poco más que asomar la cabeza a una playa nudista era su andadura por el mundo naturista, y para más inri a ella se le olvidó comentarle que la playa en la que lo iba a plantar esa tarde estaba frecuentada por gente desnuda, y esa gente éramos l@s amig@s con los que por las noches compartía las cañitas sentado al fresco en la terraza de un bar.

Evidentemente y tras el primer sonrojo, su cara delataba que se sentía fuera de lugar, pero el hombre le ponía voluntad aunque muy pocas ganas de probar eso del nudismo pues el bañador no se lo sacaba ni un tigre a zarpazos. Ante lo crudo que se lo habíamos puesto y viendo que había que romper el hielo le invito a dar un paseo por la playa que aceptó rápidamente más por agarrarse a una tabla de salvación que por ganas de trotar por la arena. Se apuntaron nuestras parejas, la suya recién estrenada y la mía más veterana.

Caminando por la orilla y con más calma el hombre me comenta que nunca había estado en una playa nudista salvo en una ocasión que en sus vacaciones por Levante se coló en un arenal con gente desnuda pero que intentó “escapar cuanto antes”. Mi sorpresa por esa expresión pudo delatarme pero desvié el tema para no atosigarlo hablando de naturismo. Así que, hablamos de nueva ilusión: su chica. Ahí le toqué la fibra, porque era un hombre enamorado de verdad y comenzó a relatarme todas y cada una de las virtudes que hallaba en ella hasta que para concluir el monólogo va y me suelta: “me sorprende que sea nudista, yo que pensaba que era una chica normal”. ¡Toma ya!. Esta vez mi pude, ni quise disimular que esa expresión me tocara la fibra. ¿Por ser nudista es ‘anormal’?. Me explica y se disculpa diciendo que no lo malinterpretara pero que todas las chicas con las que había estado siempre “eran recataditas”. ¡Ala!, la segunda en la frente.

Mucho le quedaba por aprender. Y aprendió.

En lo que quedó de verano se inició en el nudismo, compartió estupendas tardes de playa con nosotros, y sobre todo comprendió que el era “un chico normal” y que no era ni más ni menos “recatadito” que antes de ser nudista, pero sí un poco más libre y sobre todo que no renunciará a lo que ha descubierto.

Xouba

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