Símbolos.

Al poco de entrar en el despacho, y mientras mi interlocutor trataba de captar mi atención, no pude dejar de desviar la vista hacia una sombra en la pared que delataba el anterior uso de aquellas instalaciones.

La sombra en cuestión dibujaba un crucifijo que con el paso del tiempo dejó su impronta sobre la maltratada pintura. Muy cerca una fotografía del jefe del estado (Juan Carlos I) todavía ocupaba su lugar. Me recordó que aquel despacho había estado ocupado durante largos años por un cargo militar y entonces recordé por lugares similares que no resultaba difícil encontrar la fotografía del representante político y cerca de ella el símbolo religioso. Aunque el civil que ocupaba ahora su sitio había decidido prescindir del símbolo religioso.

Si una vez resaltaba la importancia de los referentes personales en el desarrollo del naturismo, me gustaría ahora darle la misma importancia a los símbolos. Aquellos que por sí solos no transmiten nada, pero con el tiempo se terminan asociando a una causa y agrupando a las personas en su refugio sin llegar a saber exactamente el significado de ese símbolo. Pasa con los escudos de los clubs deportivos, con las banderas en los estados, con los logotipos comerciales, y de las ONG. ¿Quién no reconoce el símbolo de la paz del movimiento hyppie de los 70?. ¿Quién desconoce el smyle como el símbolo de la generación “pija” de los 80?. ¿Y quién desconoce el arco aris como símbolo de un colectivo?. A veces desconocemos a quién pertenecen realmente pero los asociamos con una causa en función de lo que queremos transmitir.

A los naturistas nos falta un símbolo, algo que nos identifique allá donde estamos; que nos ayude a conocer a otr@s que sintonizan con nuestra filosofía de vida; que nos facilite información sobre lugares nuevos; y en definitiva, que nos represente y nos conceda identidad de grupo. Tal vez la FNI (Federación Naturista Internacional) debiera abrir una vía de estudio y posteriormente implantación de un símbolo. No importa la forma ni el color. Sólo importa que tod@s lo adoptásemos como propio.

De esta forma al llegar a una playa en Thailandia si en el camino de acceso nos encontrasemos ese símbolo sabríamos que podríamos desprendernos de la ropa sin consecuencias. Si un coche lo dibuja en su portón trasero, sabríamos que su conductor piensa como nosotros sobre el ‘buen’ uso de las vestiduras. Y si un centro lo serigrafía en su publicidad, aceptarían nuestra desnudez en sus instalaciones.

La propuesta puede resultar utópica, aunque no se me antoja tratarla así. Tal vez difícil y costosa por la campaña de información que debiera acompañarla; pero no imposible.

Xouba

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