El interrogatorio.

Hoy me levanté como siempre, con la sana costumbre de madrugar para ir al gimnasio a estirar los huesos, aunque como no tenía un buen día me venció pronto el cansancio; así que decidí completar la jornada deportiva con una relajante sesión de sauna que siempre ayuda a despejar mente y músculos.

Pese a que la sauna es de uso mixto siempre prima la cortesía y educación de preguntar a los que se encuentren en su interior si se acepta compañía. No fue mi caso, puesto que por lo temprano de la hora y que much@s no habían terminado su entrenamiento se encontraba vacía. Y en esas estaba yo abriendo poros y exudando toxinas cutaneas cuando se abre la puerta y una voz femenina solicita entrar, a lo que respondo que: ¡adelante!. La joven, que no superaba los veintipocos años, no pudo disimular su cara de sorpresa al encontrarme desnudo, entiendo que no era por el hecho de ver a un hombre desnudo sino porque habría esperado que me cubriese y aunque mi postura y mi posición no dejaban ver mis genitales, resultaba evidente que estaba completamente desnudo.

Ante lo tenso de la situación pues la joven no dejaba de mirar para el techo o contra la pared, decidí romper el hielo preguntándole si hacía poco que visitaba el gimnasio pues nunca habíamos coincidido. Efectivamente, en previsión de esos kilos de más con los que todos finalizamos las fechas navideñas, decidió poner remedio antes que se le echaran encima anotándose a principios de mes a clases de aerobic. Resultó que Marta era muy habladora, y al minuto se había hecho dueña de la conversación recuperando la naturalidad que no debio perder al entrar.

En estas estábamos cuando sacó el tema de si en estas instalaciones era costumbre ir desnud@s a la sauna. A lo que le respondí que había de todo, algun@s nos desnudabamos porque lo considerabamos normal pues no hay nada nuevo que descubrir, y otr@s se llevaban el abrigo de pieles a la sauna, tal vez para sudar más. Me confirmó que siempre que había estado en sauna coincidía que eran sólo para mujeres (o para hombres, según el caso) y que entonces no le importaba ir desnuda, porque además la mayoría iban desnudas. Le hice ver que era libre de ir como quisiera que a mí no me molestaba, y que no se sintiera incómoda por ello. Continuó diciendome que en alguna ocasión había ido a una playa nudista que hay aquí cerca, pero que sólo se había puesto en top-less que nunca había probado a estar desnuda de todo, fué entonces cuando le dije que yo iba habitualmente y que era nudista; con un “ya me dí cuenta” y una indicación con la cabeza me dio a entender que mi moreno me delataba y que también quería sacar el tema, porque entonces comenzó a hacerme un montón de preguntas que me encantó responderle.

Las preguntas eran las típicas de una persona que desea iniciarse en el naturismo pero que no ha podido o no ha tenido oportunidad de informarse de dudas que a bote pronto a los más duchos en estas lides nos parecen de lo más evidente pero que luego te das cuenta que falta información. Lo que me resultó más jocoso es que parecía que traía las preguntas preparadas, pues venían a su boca casi antes de finalizar yo mi respuesta. En verdad, tenía hambre de información.

Cuando ya llevabamos varios minutos charlando, tal vez más de lo que nuestros cuerpos pueden aguantar a aquella temperatura, interrumpí la conversación para tomarme una ducha a lo que ella apuntó que también la necesitaba.

A la vuelta de la ducha ya me esperaba en la sauna y al comprobar como desenrollaba de mi cintura la toalla y la estiraba en el banco con toda la naturalidad del mundo, decidió imitarme. Esta vez el sorprendido fui yo, pues no contaba que con mis palabras pudiera cambiar de parecer tan rápido, y así se lo hice ver. Me respondió llena de orgullo que se había dado cuenta que tenía razón, que la toalla le daba más calor del que podía soportar así desnuda y que le había dado la confianza sufiente para poder compartir su desnudez -al menos- conmigo, y que este verano probaría a desnudarse en la playa siguiendo mis consejos. Entre risas, continuó el interrogatorio sobre naturismo, y más tarde cuando salimos del gimnasio y la invité a un café nos desayunamos más sobre naturismo: playas, centros, lugares, reacciones, anécdotas, internet… Todo un mundo que desconocía y al que espero haberle abierto las puertas de par en par; eso sí tras un duro interrogatorio al que me ha sometido mi nueva amiga.

Xouba

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