Altos muros.

Una pareja amiga nuestra tiene en un lugar relativamente apartado una curiosa finca. Curiosa en el sentido que está muy cuidadita: su pequeña casita, sus flores, sus setos, su cesped, y su cerca. Los dos son naturistas, de siempre; y el día que nos invitaron a una barbacoa a su casita de campo elogiamos mucho el mimo y esmero que ponían en tenerla tan bonita.

A media mañana cuando el calor comenzó a apretar: ¡¡fuera ropas!!. Pero no todas, hubo que quedarse con el bañador, y aunque no llevábamos ellos nos facilitaron uno. ¿Porqué?. Estás en tu casa, en tu espacio, y es tu cuerpo. Y si aquí no puedes ir como te de la gana, ¿dónde si no?. El argumento, el de siempre, que los muros no eran lo suficientemente altos para preservarnos de miradas ajenas. Y a los que no nos importan esas “miradas ajenas”, pues preservarlos a ellos de nuestro “espectáculo”. Quizás dentro de unos años cuando los setos fueran lo suficientemente altos entonces comenzarían a disfrutar de su ‘terreno’, porque a mi juicio de momento, lo disfrutan a medias cohartados por “miradas” y “espectáculos” ficticios.

“Los vecinos se escandalizarían”. Fue una de las frases que también nos regalaron. A la que yo le contesté con otra pregunta (como buen gallego): ¿lo habeis probado ya?. “No, pero seguro que lo hacen”, volvieron a responderme. En fin, el cuento de la pescadilla que se muerde la cola, o del huevo y la gallina.

Prejuicios. El lastre de todo naturista. Y aunque la finalidad de todo lastre es favorecer la flotabilidad y el equilibro, sobre todo con fuertes tormentas, a los naturistas nos hunde incluso en calma chicha. Nos impide disfrutar y realizarnos. Si vamos a una playa, nos desnudamos, importándonos un pimiento si hay o no hay muros, setos altos, o vecinos; pero en el momento en que estamos en nuestra casa, en nuestro territorio, nos contagiamos del puritanismo de la zona. Y sí, es contagio. Porque al verano siguiente cuando esta pareja volvió a invitarnos a una barbacoa, y renunciamos a la invitación estos nos advirtieron que ahora ellas podían ir en top-less ya que andaba -la chica- casi siempre en top-less por la finca… porque un día vieron a la vecina que también iba así.

Xouba

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