Mentalidad y educación

Una tarde de verano cuando nos dirigiamos a cojer el coche para irnos a la playa, nos encontramos con una compañera de trabajo de mi mujer, la cual también iba a la playa. Nos detuvimos un rato hablando, ya que es una persona de agradable conversación. Entremedias nos hizo ver que iba sola, y que sus amigas tenian otros compromisos; a lo que mi mujer apuntó que se podía venir con nosotros. Encantada de tener compañía afirmó que sí. Fue entonces cuando me vi en la obligación de interrumpir su conversación y susrrarle a mi mujer que le dijese a “donde” íbamos, no porque no deseara compañía sino que porque entiendo que hay gente que puede no sentirse a gusto en una playa nudista. Tras una ligera mueca de sorpresa tras la palabra “nudista” -tal vez, porque no se lo esperaba- confirmó sin más aspavientos que no le importaba.

Una vez en la playa nosotros nos quedamos completamente desnudos a la par que estirabamos la toalla y recogiamos nuestras cosas. A nuestra amiga se la vio incómoda, miraba alrededor, rebuscaba en su bolsa, colocaba y recolocaba la toalla, mientras nosotros en pie y charlando esperabamos y preguntabamos si venia a dar un paseo. En un abrir y cerrar de ojos, se desnudó completamente y apareció a nuestro lado dispuesta a iniciar la caminata. Intentaba aparentar una normalidad artificial, hasta que para suavizar la tensión en la que se le veía le pregunté si era la primera vez que estaba desnuda, y que si estaba incómoda podia vestirse, que no nos importaba. Admitió que era su primera vez, pero que pese a los prejuicios que tenía formados, lo estaba disfrutando. Continuamos hablando del tema, de la sensación de libertad, de la comodidad, de los beneficios, y del resto de alternativas naturistas que nos ofrecen la posibilidad de disfrutar del desnudo en común, intentando descubrirle un mundo al que asomaba la cabeza y que luego nos demostró que entró de pleno.

Días y semanas más tarde nos acompañó en alguna ocasión más, incluso había convencido a alguna amiga para que también la acompañara y disfrutar juntos del nudismo, el sol y la playa.

Una de esas tardes y hablando de la anécdota que la llevó al naturismo surgió el tema de si lo había hecho porque ya estaba predispuesta, es decir, que ya tenía mentalidad naturista aunque nunca se le había pasado la oportunidad por delante. A lo que ella respondió contundentemente dicendo que nó, que nunca se lo había planteado más allá que como mera curiosidad vista desde lejos, y que si se desnudó aquel día fué por educación ya que al tener nosotros la cortesía de invitarla y advertirla qué menos que corresponder y comportarse como manda el lugar. Entre bromas, ironizó con la siguiente frase cargada de razón: A mis 55 años la mentalidad ya no es argumento para hacer cosas; es un lastre para dejar de hacerlas.

Recordando esta anécdota y esta frase vuelven a mí cientos de comentarios, de situaciones, o de respuestas, que en algún momento me han regalado personas ajenas al naturismo y que se han servido de la mentalidad en la que han sido criados para desterrar la posibilidad de estar desnud@s en compañía de otr@s. Ante todo, creo que debe primar la educación recibida en la que supuestamente nos han enseñado a saber estar en el lugar que te encuentres. A algun@s les pesa más la educación y a otr@s la mentalidad. Aunque para mí, la primera debe permanecer sólida y firme; y la segunda debiera ser fluida y clara para adaptarse a los huecos que la sociedad y el momento te permiten vivir.

Xouba

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