Iconos desnudos.

Volviendo a tirar del diccionario de la R.A.E. nos encontramos con la siguiente definición de icono (o ícono): “Signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado”, y es que algunos personajes que vemos casi a diario por televisión o cine son conscientes que esta palabra está incorporada a su imagen pública y que cualquier cosa que hagan o digan tendrán una repercusión mediática que pocas veces se puede preveer por donde desembocará.

He elegido esa palabra porque la de famoso prefiero dejarla para aquell@s que también se asoman a nuestras televisiones pero que no aportan nada, salvo su cara y su verborrea vacia de contenido que adorna con rumores, insultos, calumnias y amenazas. Para mí el icono es alguien a quien podemos extrapolarnos y con los que nos sentimos identificados, a veces, ell@s mism@s son víctimas del propio icono que se ha creado para ell@s (por ejemplo, los actores) quebrando muchos ideales cuando luego se acortan las distancias.

Me vienen a la cabeza muchas de estas personas que de una forma u otra han abogado por el nudismo, aunque muy poc@s han reconocido esta afición publicamente, es más, la han negado o avergonzado. Recuerdo el caso, por ejemplo, de Cayetana Guillen-Cuervo que tras ser “pillada” por una revista tomando el sol desnuda, paseando y jugando por la playa, días después reconoció sentirse avergonzada y argumentó una justificación extravagante. Contrasta esta actitud con su homóloga Victoria Abril, que jamás a ocultado su afición a tomar el sol desnuda. Entre medias un abanico de mujeres y actitudes que salvo esta última pocas han reconocido abiertamente su afinidad al naturismo. Y no me refiero a las mujeres porque no haya hombres, que haberlos, hailos; incluso más que mujeres, sólo que salvo deshonrosas escepciones bien pagadas y alardeadas casi siempre protagonizadas por esos que llamo famosos, muy pocos son objetivo de las publicaciones que se dedican a registrar desnudos.

Si esos iconos empezaran a dar un paso al frente y reconocerse con toda la naturalidad que ello conlleva, su afición a tomar el sol desnud@s se avanzarían pasos de gigante en la aceptación del desnudo, muchos de esos niñ@s que -por ejemplo- idolatran a sus héroes deportivos si los oyen hablar con naturalidad de su desgana a la hora de utilizar un bañador en la playa tal vez a día de hoy no les cause repercusión alguna, pero el día de mañana lo aceptarán con la transigencia que ello conlleva e incluso se atreverán a imitarlos como imitan sus piercing, tatuajes y cortes de pelo. Incluso muchas mujeres si oyesen a sus comunicadoras favoritas de los magazines decir que gustan de prescindir de la ropa en sus casas, sus piscinas privadas y en las playas, más de una se aventuraría a imitarla porque se trata precisamente de eso, de iconos en los que nos gusta vernos reflejados y en los que creemos ver reflejados la sociedad. Y no sólo con palabras, sino que al acercarse a cualquier playa o centro nudista pudiesemos compartir toalla y juegos con aquell@s en los que depositamos las supuestas virtudes que nos transmiten, más pronto que tarde el naturismo pegaría un brinco hacía la aceptación donde me atrevo a asegurar que un ámplio porcentaje de la sociedad -aunque fuera por imitación- se subiría al carro.

La fórmula no es nueva, el colectivo gay está muy ducho en estas lides y debemos reconocer que el hecho que ciertos personajes públicos apoyasen y admitiesen la homosexualidad los ha llevado a alcanzar cotas que ni los más optimistas hace pocas décadas podrían imaginar. Si a este colectivo le sumamos todos los colectivos benéficos que toman iconos sociales para sus campañas de colaboración y participación voluntaria ayudando a su causa, nos encontramos que la fórmula y mi visión no están muy equivocadas.

El inconveniente, como casi siempre, es el mismo ¿quién será el/la primer@?. O lo que es más difícil, ¿quién estaría dispuest@ a continuar abriendo camino?. Porque de poco sirve que un@ salte al ruedo si luego se encuentra desamparad@. Much@s le encontrarán más perjuicios que beneficios, argumentarán que la prensa sensacionalista se aprovechará de su vulnerabilidad en los espacios públicos para llegar sus páginas de imágenes alegres; sin embargo, pese a que esa posibilidad es más que real, yo creo que a la larga y con la debida continuidad al conseguir la aceptación del desnudo y su normalización esas imágenes -por vacias- se terminarán cayendo de las páginas de las revistas o resultarán tan vagas para la finalidad que se proponen (aumentar ventas) que dejarán de atraer al público. Quizá habría que empezar por asumir su pertenencia a este colectivo refrendándola con un carnet de asociado y aprovechando la intimidad que brinda el colectivo y sus actividades disfrutar de su afición aprendiendo a convivirla junto con otr@s aparcando en cierta medida esa aura de icono que le acompaña siempre. Tal vez así, con pasos pequeños, sea más fácil tomar el impulso debido para dar el gran salto.

Xouba

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